El sueño de una ciclovía que una a Estados Unidos y México

Un sendero para bicicletas previsto en Matamoros, México, conectaría con senderos en la ciudad estadounidense de Brownsville, uniendo los distritos culturales a ambos lados de la frontera. (Comisión de Planeación de Matamoros)

BROWNSVILLE, Estados Unidos y MATAMOROS, México — La frontera internacional entre estas dos ciudades está marcada por las sinuosas aguas del Río Bravo y fortificadas por una alta valla de color óxido. Pero Mauricio Ibarra prefiere pensar que ambos lados son uno solo.

Ibarra es el director de planificación de la ciudad de Matamoros. Cada mañana, cruza en su Jeep plateado el puente B&M (Puente Viejo) en el camino desde su casa en Brownsville hasta su oficina en el lado mexicano de la frontera. Nacido en Matamoros, es uno de los 12,000 trabajadores que cada día atraviesan esta parte de la frontera hacia ambos lados.

Últimamente, Ibarra ha estado pensando mucho sobre la posibilidad de una ciclovía o pista para bicicletas en el lado estadounidense. Conocido como Linear Park, el sendero de 8 millas (13 kilómetros) sigue el camino de una línea de ferrocarril abandonada antes de terminar en un agradable espacio verde en el revitalizado centro de Brownsville. El parque alberga un distrito cultural que incluye un museo de arte, edificios históricos restaurados y un zoológico. Los fines de semana, es la zona de reunión del mercado de agricultores locales. “Realmente han hecho un gran trabajo”, dice Ibarra.

Ibarra cree que Matamoros podría hacer algo similar, algo que conecte sus dos ciudades de una forma nueva y vibrante.

Hace un par de años, el ferrocarril Union Pacific trasladó una ruta que cruzaba sobre el puente B&M, dejando las vías a ambos lados de la frontera. Ibarra quiere convertir las vías y un patio de maniobras en el lado mexicano en un sendero y parque para bicicletas que albergue el propio distrito cultural de Matamoros con museos, escuelas de música y salas de teatro.

Además, le gustaría ver el sendero cruzar sobre el puente y unirse con rutas en el lado estadounidense. Si él y sus homólogos en Brownsville pueden lograrlo, el resultado sería una innovación verdaderamente internacional: un distrito urbano de artes entre dos países conectados por un sendero para bicicletas.

Los vertederos de neumáticos en Matamoros son caldo de cultivo para los mosquitos que pueden propagar enfermedades como el Zika través de la frontera. (Ana Arana)

Ésta es una iniciativa inusual para una zona fronteriza más conocida por el crimen, la inmigración ilegal y las controversias políticas. Donald Trump, el candidato republicano a las elecciones presidenciales estadounidenses, propone construir un muro mucho más extenso a lo largo de la frontera de Estados Unidos con México, como ya hemos escuchado miles de veces, y hacer que México lo pague.

Pero, a nivel local, funcionarios de las ciudades de Brownsville y Matamoros están avanzando en la dirección opuesta a la propuesta por Trump. Están trabajando en identificar problemas y oportunidades comunes y buscando formas de cooperar. El sendero que Ibarra propone es sólo un ejemplo. Desde luchar contra la delincuencia y promover el desarrollo económico hasta luchar contra el virus del zika, los funcionarios locales de estas dos ciudades cada vez unen más sus destinos.

Un día del mes pasado, Ibarra visitó a Ruth Osuna, subadministradora de la ciudad de Brownsville, quien está a cargo de la revitalización del centro. Examinando un mapa aéreo en Google Earth, se dieron cuenta de cómo sus dos proyectos de renovación urbana prácticamente se tocaban entre sí, a pesar de la frontera. “Su proyecto termina donde comienza el nuestro”, dijo Osuna.

“Todo el mundo está intentando separarnos”, continuó. “Pero seguimos uniéndonos”.

Ciudades hermanas

Brownsville y Matamoros siempre han tenido una relación compleja y entrelazada. Brownsville fue un puesto de avanzada del ejército estadounidense durante la intervención estadounidense en México y la primera batalla se libró cerca de aquí. Cuando terminó la guerra en 1848, Texas quedó en poder de Estados Unidos y se estableció el Río Bravo como su frontera con México. Más tarde, durante la guerra de Secesión, Matamoros se convirtió en una ruta clave para el ejército confederado para contrabandear algodón y otros productos con el fin de venderlos en Europa.

Actualmente, la economía de Brownsville depende de los centros turísticos de las playas cercanas, así como un puerto de aguas profundas que se une al Golfo de México. Matamoros es el hogar de muchas fábricas llamadas maquiladoras, que emplean a 50,000 personas y envían algunas mercancías a través del puerto de Brownsville. Considerada una zona metropolitana, Brownsville, Matamoros y los suburbios de ambas ciudades tienen una población de más de 1.1 millones de personas.

En octubre, funcionarios de las dos ciudades se presentarán en la conferencia Hábitat III de las Naciones Unidas en Quito, Ecuador. Presentarán un análisis casuístico sobre una metrópoli “conurbada”, una región urbana conformada por muchas ciudades y pueblos donde los límites jurisdiccionales pueden complicar el proceso de toma de decisiones. El borrador más reciente de la“Nueva Agenda Urbana” que los países acordarán en Quito llama a fomentar las “sinergias e interacciones entre las zonas urbanas de todos los tamaños… incluidas las transfronterizas”.

En Brownsville y Matamoros, las sinergias han ocurrido en su mayoría de manera informal, producto de conversaciones entre funcionarios como Ibarra y Osuna. Hablar cara a cara no es fácil: por razones de seguridad, a los empleados de la ciudad de Brownsville no se les permite viajar a Matamoros en viajes oficiales.

Pero Pablo Aguilar ha estado trabajando con ambas ciudades para explorar cómo pueden fortalecer y formalizar sus lazos. Aguilar es el director de un grupo de estudio de la Ciudad de México llamado Colegio Nacional de Jurisprudencia Urbanística. En enero, lanzó una serie de reuniones llamadas “Laboratorios Urbanos”, donde funcionarios de Brownsville y Matamoros discutieron problemas comunes y formas conjuntas para enfrentarlos.

Hay muchos problemas que caen en esa categoría. La contaminación ambiental de Matamoros es la misma contaminación ambiental de Brownsville. Un aumento de los delitos relacionados con las bandas criminales en Matamoros en años recientes, que ha disminuido un poco, ha sido motivo de preocupación a ambos lados de la frontera. La congestión vial y la movilidad en los cruces fronterizos es un problema común. Como también lo es la salud pública, especialmente con los nuevos temores sobre los mosquitos que transmiten el virus del Zika. Mientras Brownsville tritura en su vertedero los neumáticos usados, los vertederos de neumáticos en Matamoros son conocidos por darles a los mosquitos mucha agua donde pueden reproducirse.

La primera reunión Laboratorio Urbano identificó algunos de estos desafíos comunes, aunque no se decidió nada. En una segunda reunión en septiembre, las autoridades esperan discutir formas de coordinar sus enfoques y, posiblemente, incluso sus estructuras de gobiernos locales. Una de las ideas a considerar es si Brownsville podría enviar un miembro de su comisión de planificación a la comisión de planificación de Matamoros, y viceversa.

Aguilar piensa que es necesario algún tipo de marco legal entre ambos países para permitir una mejor coordinación a nivel de gobiernos locales a través de la frontera. Sin embargo, es un terreno complicado. Ambas ciudades responden a gobiernos estatales: Texas en el caso de Brownsville, y Tamaulipas en el caso de Matamoros. También están los gobiernos nacionales, por supuesto. Y también hay acuerdos internacionales, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que rige algunos aspectos de la gestión de desechos, la contaminación ambiental y la preparación conjunta para la respuesta ambiental.

De rieles a senderos

Ibarra puede analizar bien las cosas desde ambos lados de la frontera. De joven, trabajó en el bar de su padre en el centro de Matamoros, comprobando las identificaciones de los clientes para asegurarse de que tenían la edad legal para beber alcohol. El bar era muy popular entre los estadounidenses, quienes tenían que tener 21 años para beber en Brownsville, pero sólo 18 para beber en Matamoros.

Ibarra, quien ahora tiene 40 años, tiene familia en Brownsville. Hace cinco años, después de sobrevivir a un secuestro, se mudó a Brownsville nuevamente para que sus hijos pudieran ir a la escuela allí. Aunque la situación de la seguridad en Matamoros ha mejorado, Ibarra sigue viviendo en Estados Unidos y trabajando en México. Sus viajes diarios lo convierten en una especie de abeja, yendo y viniendo, polinizando ideas a ambos lados de la frontera.

Inspirado por la revitalización del centro de Brownsville, Ibarra espera que el nuevo parque, sendero para bicicletas y distrito cultural en Matamoros puedan traer de vuelta algunos de los negocios turísticos que desaparecieron con la ola de crímenes. Ibarra dice que el nuevo parque será un lugar seguro porque sus senderos para bicicletas correrán alrededor de los terrenos de un nuevo complejo del consulado estadounidense; la seguridad en la zona estará a cargo del Cuerpo de Marines estadounidense encargado de la seguridad en las embajadas.

Eso también les traería muchísimos beneficios a los residentes de Matamoros. Se volverá a conectar con la ciudad un vecindario de almacenes abandonados y casas tapiadas, que actualmente se encuentra aislado entre el Río Bravo y las vías del tren. Habrá nuevos espacios verdes, oportunidades de recreación y opciones de movilidad. En el cruce fronterizo, donde a menudo se acumulan los autos que se dirigen a Estados Unidos, habría otra forma de cruzar: en bicicleta.

Los planes previos no parecían tan buenos. El concepto inicial era sustituir las vías del tren por una autopista de seis carriles que atravesara el centro de Matamoros hasta el puente B&M. Su construcción habría arrasado partes de Colonia Jardín, un vecindario histórico con una gran cantidad de casas de estilo moderno de mediados del siglo XX.

Pero Ibarra se encargó de desbaratar los planes de la autopista. Después de ejercer presión durante varios meses, logró que las autoridades locales redujeran el número de carriles de la carretera a dos. La colega de Ibarra, Xóchitl García Marmolejo, una planificadora a cargo de la movilidad en su oficina, tuvo la idea de construir un sendero para bicicletas y mantener la vieja vía del ferrocarril adjunta como un tratamiento de diseño. “Habíamos estado hablando sobre promover la movilidad en otros medios de transporte que no son el automóvil”, dice Marmolejo. “Así nació nuestro nuevo plan”.

Ibarra también convenció a las comunidades artísticas y comerciales de Matamoros para que se unieran al proyecto, y así se completó la idea de crear un distrito cultural integral. Cuatro museos serán parte del plan, junto con las escuelas de música en edificios renovados de la década de 1950 y áreas abiertas de teatro. Para resaltar sus posibilidades transfronterizas únicas, Ibarra le llama al distrito propuesto el “Centro Cultural Binacional”.

Haciendo conexiones

Conforme Ibarra espera a que comience la construcción en Matamoros, ha estado trabajando para garantizar que se construyan todas las conexiones del sendero de bicicletas entre los dos distritos culturales. Un punto de conflicto es la seguridad en el paso fronterizo del puente B&M. Para autorizar el carril de cruce de bicicletas, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos tendría que configurar una máquina de rayos X que pueda manejar el tráfico de bicicletas.

También hubo que convencer a las autoridades de Brownsville. Sus planes iniciales requerían la sustitución de las vías del tren por una calle para automóviles. Ya han aceptado la idea de una pista para las bicicletas en su lugar, y están planeando una conexión entre el puente y Linear Park. El gestor municipal Charlie Cabler dice que el plan del Centro Cultural Binacional será un beneficio para ambas ciudades.

Autoridades de Brownsville y Matamoros siempre han colaborado de manera informal, pero ahora buscan fortalecer y formalizar sus lazos. (Ana Arana)

De regreso en Matamoros, hay poca gente almorzando en García’s, un popular restaurante ubicado en la ciudad justo frente a la entrada de otro cruce fronterizo, el Gateway Bridge (o Puente Nuevo). Alguna vez uno de los favoritos de los turistas de Brownsville, este restaurante atiende a comensales mexicanos y estadounidenses. En sus buenos tiempos, era difícil encontrar una mesa a la hora del almuerzo, pero actualmente ya no lo es. Dado que la advertencia de viaje de Estados Unidos para sus ciudadanos aún está en vigor, y hay un toque de queda a la medianoche para el personal del gobierno de Estados Unidos con sede en Matamoros, el gigantesco estacionamiento permanecerá medio vacío por un tiempo.

Ibarra dice que su parque será una forma de volver a acercar Brownsville a Matamoros. Después de todo, dice, ambas ciudades han pasado por momentos difíciles juntas durante muchas décadas y siempre han salido adelante. “No puede haber Matamoros sin Brownsville”, dice Ibarra. “Ni viceversa”.

Este artículo fue traducido a Español por Citylab Latino.

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Ana Arana is an investigative journalist with extensive international experience. A former U. S. foreign correspondent, Arana was director of Fundación MEPI, an investigative journalism project in Mexico that promoted investigations that cross borders with the United States and Central America. Full bio

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