Medellín popularizó las escaleras mecánicas, ¿pero han tenido algún impacto?

Las esclaeras mecánicas de la Comuna 13 de Medellín se han convertido en un atractivo turístico para urbanistas de todo el mundo. Los residentes parecen disfrutar de las visitas. (Christopher Swope/Citiscope)

MEDELLIN, Colombia — Cinco veces por semana, un repartidor de 52 años llamado Nelson se sube a la escalera mecánica al aire libre más celebrada del mundo cargando una garrafa de gas natural sobre el hombro.

Nelson reparte gas a los residentes de la Comuna 13, una de las zonas más pobres y violentas de Medellín. Solía subir por la empinada colina del barrio a pie, en una agotadora subida de 357 escalones llevando a cuestas las pesadas garrafas. Desde que la escalera mecánica fue instalada en 2012, el trabajo de Nelson es mucho menos demandante físicamente y puede terminar con las entregas más rápido. Estima que el viaje en zig-zag hacia la cima de la colina, utilizando una escalera mecánica tras otra, le ahorra unos 50 minutos por semana.

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Algo que no ha cambiado es la situación económica de Nelson. Gana un sueldo decente, pero las escaleras mecánicas no han necesariamente aumentado sus ingresos ni han abierto nuevas oportunidades — aunque su esposa, que tiene un pequeño negocio, siempre aprovecha para hacerlo arreglar un refrigerador o instalar un mostrador. “Trabajo menos y tengo más tiempo para el ocio,” dice Nelson. “No gano ni un peso más que antes, pero nuestra calidad de vida ha mejorado mucho.”

Medellín ha recibido mucha atención gracias a su transformación urbana — y el de las escaleras mecánicas, que han ganado varios premios internacionales a la innovación, es uno de sus proyectos más notables. Durante el Foro Urbano Mundial que se llevó a cabo aquí en abril, aproximadamente 5.000 urbanistas visitaron la Comuna 13 para poder subir y bajar por las escaleras.

Pero las escaleras, ¿han tenido algún impacto económico o social real en el barrio? Con el objetivo de contestar esta pregunta, pasé tres meses en Medellín hablando con gente de la Comuna 13 acerca de qué cambió y qué no. Realicé encuestas a 50 personas para establecer con qué frecuencia la gente usa las escaleras mecánicas y por qué. Entrevisté a 14 residentes acerca del impacto que las escaleras han tenido en sus vidas. Y llevé a cabo un un grupo focal con cinco miembros de un equipo local de vigilancia a cargo de monitorear la seguridad en la zona de las escaleras. Dado que hay pandillas ocasionalmente activas aquí, accedí a no publicar sus apellidos para que pudiesen hablar libremente acerca de lo que está sucediendo en su barrio. (La investigación completa en inglés está disponible aquí.)

Una de las conclusiones de mi investigación es que la experiencia de Nelson es típica: económicamente, las escaleras mecánicas parecen no hacer diferencia alguna para los residentes de la Comuna 13. A pesar de que se han incrementado los precios de las propiedades cercanas a las escaleras, pocos dueños parecen estar interesados en vender. La mayoría de la gente aquí ha pasado más de 20 años convirtiendo sus pequeños ranchos en casas decentes y están muy enraizados en la zona como para irse.

En teoría, algunos habitantes de esta zona de la Comuna 13 tienen mejor acceso a los trabajos en la ciudad; pueden tomar un autobús al pie de la escalera mecánica que los lleva hasta el metro. Pero ya existía un autobús que salía desde más arriba en la colina. Y de cualquier manera, un mejor acceso a los trabajos no significa necesariamente que haya más empleo. Como indica José, de 50 años: “A mi jefe no le importa si vengo a trabajar en helicóptero o por escalera eléctrica, mientras que llegue a tiempo.”

Paseando donde solían volar las balas

Aún si las escaleras mecánicas no han producido un gran impacto económico, no hay dudas de que han traido beneficios enormes para la calidad de vida en la zona. Esto es particularmente cierto en el caso de los ancianos y discapacitados.

Durante mis visitas, me encontré varias veces con un hombre de 88 años que me dijo que casi nunca salía de su casa antes del arribo de las escaleras mecánicas. Ahora le gusta salir de paseo y disfrutar de las fantásticas vistas de la ciudad, subir y bajar por las escaleras, sentarse en los bancos de los nuevos espacios públicos creados cerca de las escaleras y mirar a los niños jugar.

La referente local Adriana María Restrepo (der.) con su hija Estefanía. ” “Vuelve en cinco años,” dice Adriana, “¡y este barrio habrá pasado de ser un buen barrio, a ser uno excelente!” (Letty Reimerink)

Una mujer de 57 años llamada María también se muestra enormemente agradecida por la instalación de las escaleras mecánicas. Tiene problemas renales y debe ir a tratarse al hospital cada semana. Sin la escalera, esto era un calvario. Ahora puede relajarse mientras baja y tomarse un autobús que la lleva adonde necesita ir.

Los padres disfrutan del viaje en las escaleras al llevar a sus hijos a la guardería o a la escuela. En el caso de Miria, de 62 años, es su esposo recientemente jubilado quien lleva a los nietos a la escuela todos los días. Miria no usa mucho las escaleras, pero los fines de semana sube con su marido y va de paseo por el barrio.

La escalera mecánica opera los días de semana de 6 a. m. a 10 p. m. y los fines de semana de 8 a. m. a 9 p. m. El momento de más actividad es a la tarde, cuando la gente vuelve de trabajar. Los fines de semana, la zona aledaña a las escaleras se convierte en un espacio social. La gente vuelve de la iglesia y se queda charlando en las calles. Los niños juegan en las escaleras mecánicas y los jóvenes se juntan en los bancos cercanos. Una escena tal habría sido impensable hace dos o tres años.

Claudia, una mujer de 47 años y madre de cinco hijas, describe cómo era la situación entonces: “Las balas volaban por el aire y los muertos yacían en la calle. Solía tener todas las puertas y ventanas cerradas todo el tiempo. A veces no podía llevar a mis hijas a la escuela, porque la situación era demasiado peligrosa. Faltaron mucho por eso.”

Una zona aún volátil

La violencia pandillera en esta parte de la Comuna 13 mermó desde que llegaron las escaleras mecánicas. Es difícil afirmar, sin embargo, que las escaleras hayan sido la causa. La reducción en las tasas delictivas puede ser sólo la consecuencia de un alto al fuego entre las dos pandillas rivales más grandes de la ciudad.

Pero al mismo tiempo, la zona aldeaña a la escalera es mucho más abierta de lo que solía ser, con senderos y espacios públicos. Hay menos callejones oscuros en los cuales los delincuentes puedan operar.

Especialmente para los ancianos y discapacitados, como este hombre a quien le falta una pierna, las escaleras mecánicas han signifcado un gran incremento en la calidad de vida. (Letty Reimerink)

Está también el equipo de vigilancia contratado por Terminales de Transporte, la empresa estatal a cargo de la operación y mantenimiento de las escaleras. El equipo consiste de 15 hombres y mujeres jóvenes del barrio. Visten chaquetas rojas y conocen a todo el mundo. Cuando no están atentos a las actividades sospechosas, se encargan de mantener la limpieza de los jardines cercanos y ocasionalmente ayudan a los usuarios de las escaleras a cargar sus compras. Esto es muy disinto a como solía ser. César Hernández, el ex gerente general de las muchas intervenciones urbanas en zonas pobres de Medellín, me cuenta cómo el territorio, que estaba en manos de las pandillas, tuvo que ser literalmente conquistado durante la construcción de las escaleras mecánicas. “Tuvimos que tirar casas abajo,” dice Hernández, “y mientras los dueños de las casas estaban en nuestra oficina firmando los contratos y entregando las llaves, las pandillas tomaban posesión de las casas y las vaciaban. Se llevaban todos los elementos de valor, desde puertas y marcos de ventanas hasta cocinas a gas.”

Durante la construcción de las escaleras mecánicas, más de una docena de personas fueron asesinadas en la zona. La mayoría eran pandilleros, pero también hubo transeúntes inocentes, incluyendo a un niño de 9 años que recibió un tiro en el pecho. “Cuando empezamos, había cinco pandillas activas en la zona,” dice Hernández. “Cuando terminamos, sólo quedaba una. No se desvanecieron en el aire, sino que fueron reubicadas.”

Por más de un año, la situación delictiva se ha mantenido extremadamente calma. Le pregunté a Choto, un joven que es parte del equipo de seguridad, si reconoce a los pandilleros cuando pasan por la zona. Su respuesta es afirmativa: “Hoy en día no sabes exactamente quién es pandillero, pero tienen una cierta apareciencia que hace que los puedas reconocer,” dice Choto. “Yo miro para el otro lado cuando los veo. No quieres meterte con estos tipos, porque saben dónde vives y quién es de tu familia.”

Antes de que instalaran las escaleras mecánicas, la única manera de llegar hasta esta parte de la Comuna 13 era subiendo 357 escalones.

A Hernández le preocupa que el tema de la seguridad en la zona pueda empeorar en cualquier momento. “La Comuna 13 es todavía una de las zonas más volátiles de la ciudad,” dice Hernández. “Si un día un pandillero de uno de los barrios de arriba le dispara a un pandillero de un barrio de abajo, entonces la tregua llamada ‘escaleras mecánicas’ se deshace.”

Otro motivo por el cual Hernández siente inquietud respecto del futuro es que el plan maestro para la Comuna 13 no ha sido completamente ejecutado. El tipo de resurgimiento urbano por el cual Medellín se ha hecho famosa, llamado “urbanismo social” por los alcaldes Sergio Fajardo y Alonso Salazar, se basaba en la conexión de barrios remotos, creando espacios públicos y construyendo edificios públicos como una señal de la presencia estatal.

Pero cada alcalde quiere dejar su propia marca, y no se saca mucho rédito al completar planes iniciados por una administración anterior. El alcalde actual, Aníbal Gaviria, prefiere hablar acerca de lo que llama “urbanismo pedagógico”, que se enfoca más en las prioridades educativas para los niños y sus cuidadores. En términos de transformación urbana, Gaviria ha enfocado la mayor parte de su energía en la remodelación de la costanera de Medellín, dejando el desarrollo de las zonas más pobres como estaba.

Dignidad y orgullo

Algo que ha cambiado notoriamente en la Comuna 13 es la cantidad de extranjeros que vienen a ver las escaleras mecánicas. Fácilmente reconocibles por su vestimenta y sus cámaras, los visitantes son prontamente abordados por lo miembros del equipo de vigiliancia vestidos con chaquetas rojas, quienes les cuentan acerca del proyecto y los llevan a caminar por el barrrio; lo que los miembros del equipo disfrutan más que nada es mostrar el barrio a la gente de afuera y llevarlos a probar “sus” escaleras.

Uno creería que tener extranjeros con sus cámaras cada día en tu puerta se volvería un fastidio. Pero a ellos les encanta. Miria, que vive justo al lado de las escaleras, me dice animadamente: “Ahora, a veces veo hombres de ojos azules hablando en un idioma que no entiendo.”

Pero los visitantes no son sólo extranjeros. También hay gente de otras partes de Medellín. Leida, una mujer de 29 años que vive en la zona, dice: “Anteriormente, mis amigos de otras partes de la ciudad no se animaban a venir aquí. ‘Comuna 13, es muy peligroso,’ decían. Ahora no tienen problema en venir.”

Más que darle acceso a la ciudad a los habitantes de la Comuna 13, parecería que las escaleras han allanado el camino para que la ciudad y sus instituciones tengan acceso a una de las zonas más remotas. La municipalidad, ONGs, la policía y corporaciones de vivienda han mejorado los servicios públicos, introducido subsidios para mejoras habitacionales y creado programas sociales dirigidos a niños y madres jóvenes con el objetivo de ayudar a los niños a resistir las tentaciones de las pandillas.

Un equipo de seguridad formado por 15 hombres y mujeres jóvenes del barrio patrullan las escaleras. Visten chaquetas rojas y conocen a todo el mundo. (Letty Reimerink)

Los nuevos espacios públicos en los alrededores de las escaleras proveen oportunidades para realizar encuentros sociales. La gente viene a la calle con más frecuencia y el mundo viene a verlos a ellos. Por primera vez, están siendo realmente reconocidos por la ciudad. Por fin las noticias que vienen de la Comuna 13 son positivas, y esto está ayudanndo lentamente a mejorar la imagen del barrio. Así lo ha experimentado Soreida, de 26 años: “Cuando me postulaba para un trabajo y veían que era de la Comuna 13, me rechazaban inmediatamente. Ahora, cuando digo que vivo cerca de la escalera mecánica, es posible que lo piensen dos veces.”

Este nuevo sentido de la inclusión, de orgullo y dignidad se ha extendido entre los residentes de la comuna, incluyendo a aquellos que no se han beneficiado directamente de la escalera. Esa es la mayor lección que Medellín puede ofrecerle a las ciudades del mundo. Cuando la gente expresa el impacto que han tenido las escaleras, utiliza términos como ‘una invención de Dios’ o ‘un regalo’. Sigue siendo algo inconcebible para ellos. La referente local Adriana María Restrepo lo expresa de esta manera: “En un barrio que ha conocido todas las dificultades habidas y por haber, colocar algo material allí que ofrece esparcimiento, que crea diálogo y que da la oportunidad de conocer gente de todo el mundo, para nosotros eso era completamente ilógico.”

En Medellín también existen aquellos que critican las escaleras, especialemente académicos y algunas organizaciones involucradas en proyectos sociales en la zona. Ellos ven el impacto positivo, pero también sostienen que la gente no fue consultada acerca de si querían una escalera mecánica y que la inversión de unos $5,5 millones es demasiado onerosa para un proyecto que beneficia directamente a 12.000 personas como mucho. Otros señalan el hecho de que ninguna intervención realizada en nombre del “urbanismo social” ha producido hasta el momento un incremento en los ingresos de las zonas más pobres o reducido el importante problema de desigualdad de ingresos que sufre Medellín.

Pero las escaleras han tenido un impacto simbólico inmenso y han comenzado a cancelar una “deuda social” que la administración de la ciudad había acumulado con las zonas más descuidadas de la ciudad. Restrepo es optimista respecto del futuro: “Vuelve en cinco años,” dice, “¡y este barrio habrá pasado de ser un buen barrio, a ser uno excelente!”

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Letty is a freelance journalist who writes stories about cities and the people inhabiting them.  Full bio

LECCIONES DE MEDELLIN

  • Las escaleras mecánicas han tenido un impacto econónomico muy bajo o nulo en la Comuna 13.
  • Han hecho una diferencia dramática en términos de movilidad y calidad de vida, especialmente para los ancianos y discapacitados.
  • A pesar de que el delito ha bajado, es difícil determinar qué fue a causa de las escaleras y qué se relaciona con un alto al fuego entre pandillas.

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