¿Cómo aseguramos una amplia aceptación de la Nueva Agenda Urbana?

Las estrategias urbanas exitosas han funcionado porque los gobiernos locales y la sociedad civil local pudieron entender el valor de aplicarlas.

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Se está preparando el texto de la denominada “Nueva Agenda Urbana” para que los gobiernos nacionales lleguen a un acuerdo sobre la misma en la conferencia Habitat III, programada para el mes de octubre en Quito. La cuestión más acuciante en torno a esta agenda no radica tanto en los compromisos que contiene sino en saber si es relevante para los gobiernos locales y los habitantes de las ciudades —sobre todo para aquellos cuyas necesidades no se encuentran satisfechas en la actualidad— y si logrará su aceptación.

Esto significa que la nueva estrategia global necesitará ser clara y significativa para las cerca de mil millones de personas que habitan viviendas precarias sin un adecuado suministro de servicios básicos. Deberá ser útil para los alcaldes y otros políticos y funcionarios públicos urbanos, así como para grupos locales de la sociedad civil. Y lo que recomiende debe estar dentro de sus capacidades.

Pero la Nueva Agenda Urbana tiene una gran ventaja que puede contribuir a asegurar su eficacia. Muchas metas tan necesarias como la reducción de la pobreza, la inclusión y el cambio climático ya se han acordado en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) y del Acuerdo de París sobre el cambio climático. En lugar de repetir estos objetivos, la Nueva Agenda Urbana puede centrarse en asegurar la existencia de marcos internacionales y nacionales que apoyen a los gobiernos locales y a los grupos de la sociedad civil para cumplir con estas metas y objetivos.

Pero ¿Respaldarán los Estados miembros de la ONU una agenda que brinde apoyo a esta relevancia de lo local con las estrategias, los planes y los recursos necesarios? Si lo hacen, tendrán que ir mucho más allá de los ODS, que abundan en objetivos y metas (es decir, en lo que hay que hacer), pero que son muy débiles en lo que respecta a cómo alcanzarlos, quiénes deben hacerlo (en cada localidad) y con qué apoyo. Tendrán que centrarse en construir o fortalecer los marcos institucionales, de gobierno y financieros antes que en ofrecer otra larga (y, por cierto, nada nueva) lista de compromisos que en su mayoría repiten los contemplados en los ODS.

[Véase: The SDGs don’t adequately spell out cities’ role in implementation]

Hay muchos grupos y sectores que reclaman con legitimidad que sus opiniones estén representadas y exigen la incorporación de otros temas en el borrador de la Nueva Agenda Urbana, cuya primera versión se emitió en mayo y fue seguida por varias otras. El sustento y la salud de casi toda la población del planeta se ven influidos por la urbanización y las zonas urbanas, incluidos la mayoría de los hogares rurales, que dependen de las zonas urbanas para acceder a los mercados, bienes y servicios y, con frecuencia, para obtener parte de sus ingresos. ¿Acaso es posible representar todos estos intereses sin producir otra lista larga y, a menudo, imposible de aplicar?

¿Qué funcionó en el pasado?

Si analizamos todo lo que no se logró en los 40 años que transcurrieron desde Habitat I, la primera Conferencia de la ONU sobre Asentamientos Humanos, resulta evidente que necesitamos nuevas agendas urbanas. ¿Quién podría haber pensado que, 40 años después de Hábitat I, alrededor de mil millones de personas seguirían viviendo en asentamientos informales? ¿O que aún habría enormes deficiencias en el suministro de agua segura y suficiente, y saneamiento de buena calidad para los residentes urbanos, máxime cuando todos los gobiernos que participaron en Hábitat I se comprometieron a garantizar agua y saneamiento para todos hacia 1990?

“Las agendas urbanas exitosas del pasado incluían lineamientos claros, simples y relevantes para los gobiernos urbanos que obtuvieron aceptación de miles de estos gobiernos en todo el mundo. Por una parte, su éxito obedeció al aliento de acciones locales factibles y, por la otra, al abordaje de cuestiones locales significativas para los gobiernos locales que también contaban con el apoyo de gran parte del electorado”.

¿Será Hábitat III más eficaz que Hábitat I y II en cuanto a generar efectivamente las acciones necesarias? Todavía hay muchas “viejas” agendas urbanas que demandan urgente atención, no sólo en lo atinente al suministro universal de agua segura y suficiente y buen saneamiento, sino también en lo que respecta al mejoramiento de los asentamientos informales en un nivel apreciable y al manejo del uso del suelo en aras del interés público, tal como se recomendó firmemente en Hábitat I. Cualquier intento serio de desarrollar una Nueva Agenda Urbana exige una reflexión profunda sobre los incumplimientos de décadas recientes.

[Véase: Apenas un progreso marginal han tenido los países en sus compromisos urbanos tomados en 1996, revela el índice HCI]

¿Podemos aprender de ejemplos de agendas urbanas que han logrado ser eficaces en los últimos 40 años? Algunas de ellas han ejercido una influencia considerable e involucrado a numerosos gobiernos urbanos. Cinco de ellas —el movimiento de Ciudades Saludables, la Agenda Local 21, el presupuesto participativo, Haciendo Ciudades Resilientes y el Registro Climático Carbonn— estaban dirigidas a las zonas urbanas.

Incluían lineamientos claros, simples y relevantes para los gobiernos urbanos que obtuvieron la aceptación de miles de estos gobiernos en todo el mundo. Por una parte, su éxito obedeció al aliento de acciones locales factibles y, por la otra, al abordaje de cuestiones locales significativas para los gobiernos locales y que también contaban con el apoyo de gran parte del electorado.

Hay otros dos ejemplos de relevancia. El primero comprende las agendas urbanas desarrolladas por gobiernos municipales recientemente electos en muchos países latinoamericanos en su transición de la dictadura a la democracia. En algunos países (por ejemplo, Colombia y Brasil), esto se vio respaldado por una descentralización que, efectivamente, incrementó el financiamiento disponible para los gobiernos municipales y locales. En la mayoría de las ciudades, la proporción de la población que dispone de agua corriente, recolección de residuos sólidos a intervalos regulares y conexión a cloacas creció en forma significativa. El mejoramiento de los asentamientos informales pasó a ser la norma.

[Véase: Habitat III must institutionalize participatory urban development]

El segundo es el creciente número de federaciones de viviendas y asentamientos precarios que se formaron para tomar cartas en el asunto y alentar a los gobiernos locales para que trabajen con ellas. Crearon su propio grupo internacional que las aglutina, Slum/Shack Dwellers International, en 1996, y algunos de sus líderes estuvieron presentes en Hábitat II. Desde entonces, han surgido federaciones de este tipo en más de 30 naciones.

Tenemos pruebas contundentes de lo que pueden lograr estas federaciones. Dondequiera que sea posible, construyen o mejoran viviendas y ofrecen sistemas de saneamiento; asimismo, trabajan con el gobierno local, lo que les permite lograr un impacto a mucha mayor escala. Y realizan estudios sobre todos los asentamientos informales de las ciudades con el fin de disponer de una base sólida para identificar prioridades y negociar con el gobierno y los servicios públicos locales.

Innovaciones locales

Queremos una Nueva Agenda Urbana que sea clara y concisa, que se dedique menos a repetir lo que debe hacerse y más a indicar de qué manera pueden implementarse los objetivos ya comprometidos, así como quién debe concretarlos y con qué financiamiento. La nueva estrategia también debe reconocer en qué medida casi todas las metas locales y globales dependen de gobiernos urbanos competentes y eficaces que trabajen con sus ciudadanos, brinden apoyo a aquellos que viven en asentamientos informales y ganen su aceptación.

[Véase: The United Nations risks stifling its own progress on sustainable urbanization]

Podemos aprender del poder y del alcance de las iniciativas antes mencionadas, todas las cuales consiguieron influir en agendas urbanas locales sin contar con mucho financiamiento externo. Estas agendas anteriores también pueden enseñarnos acerca de cómo prestar atención a las prácticas de las democracias locales eficaces que atienden los reclamos de sus ciudadanos contra la exclusión y trabajan con ellos para solucionarlos.

Los ODS tienen metas y objetivos políticos ambiciosos sobre la inclusión, el empoderamiento, la igualdad y la indivisibilidad que necesitan plasmarse en la realidad. Entre las prácticas relevantes se incluye atender la exclusión política con innovaciones tales como el presupuesto participativo y la producción de servicios conjuntamente con organizaciones y federaciones de habitantes de viviendas y asentamientos precarios, así como convertir en una realidad el derecho de todos a vivir en la ciudad y tener acceso a sus servicios, espacios públicos y mercados laborales.

[Véase: Cities turn to implementing the Sustainable Development Goals]

Gran parte de las innovaciones en materia de políticas sociales surgieron en gobiernos municipales democráticos. Y hoy en día sigue siendo así. Utrecht y algunas otras ciudades holandesas están probando un plan que garantiza un salario básico para los beneficiarios de ayuda social. Muchas ciudades de Europa y algunas de América del Norte han incrementado en gran medida el apoyo al uso de bicicletas y el porcentaje de trayectos recorridos con ellas, lo que ofrece una variedad de beneficios a los ciclistas y a la ciudad. Numerosos gobiernos locales han mejorado o ampliado los espacios públicos. Sin embargo, muchas de estas innovaciones no se documentan nunca, ya que se las considera parte de la gestión normal de un gobierno local eficaz.

Muchas ciudades que tienen democracias locales efectivas también han recurrido a la innovación para mitigar el cambio climático, pese a que esto no se traduzca en beneficios inmediatos para la ciudad (aunque los réditos colaterales que genera son cada vez más reconocidos). Todo indica que los gobiernos urbanos que cumplen en atender las necesidades locales también pueden ganar el apoyo popular por contribuir a abordar cuestiones globales urgentes.

Un área en la que se necesita mucho la innovación es la promoción de oportunidades para los jóvenes. Hace poco, The Economist señaló que si bien los jóvenes de todo el mundo nunca han recibido mejor educación que ahora, son escasas las oportunidades que tienen en los mercados laborales. ¿De qué manera una Nueva Agenda Urbana puede ayudarlos? ¿Acaso brindándoles oportunidades reales de trabajo remunerado y de estudio en gran escala para que el ímpetu y la innovación que los jóvenes tienen para ofrecer se canalicen en actividades que beneficien a todos? Ellos pueden contribuir a lo mucho que hay por hacer: las actualizaciones y mejoras, la producción de materiales de construcción, la recopilación de datos, el mejoramiento del medio ambiente de su ciudad y tantas cosas más.

Por último, la innovación es necesaria para trabajar más allá de las barreras sectoriales. Son muchas las fuentes de financiamiento internacionales que proponen su propia agenda, a menudo centrada en un sector, una intervención o un problema específico. Un ex jefe de investigaciones de ONU-Hábitat se negó a trabajar en cuestiones de salud porque sostenía que eran responsabilidad de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, resulta esencial que todas las agendas urbanas dediquen atención a la salud pública y ambiental.

[Véase: Hábitat III perdió el Panel Multiparticipativo propuesto… por ahora]

En octubre, cuando se reúnan en Quito, los gobiernos nacionales necesitarán acordar una agenda urbana que logre la aceptación de los gobiernos urbanos así como de las organizaciones que se ocupan de la pobreza urbana. No obstante, esto requerirá que los gobiernos nacionales desvíen su atención de definir objetivos bien intencionados: los primeros borradores de la Nueva Agenda Urbana están plagados de promesas como “nos comprometemos a…”. En cambio, lo que se necesita es crear o mejorar la base institucional y de gobierno para que esos objetivos se cumplan en cada centro urbano… ¡y también incluyan a todos sus habitantes!

Este comentario se inspira en el Editorial de la edición de abril de 2016 de la revista Environment&Urbanization, titulado “From the MDGs to the SDGs and Habitat III” (De los ODM a los ODS y Hábitat III), y también en tres borradores sucesivos de la Nueva Agenda Urbana.

 

Este artículo fue traducido al español a través de un acuerdo entre Citiscope y el Observatorio Latino Americano (OLA) de The New School, una universidad en Nueva York. Puede suscribirse al newsletter quincenal con artículos destacados en español de OLA-Citiscope aquí. Subscribe to weekly updates in English here.

Citiscope es miembro del Proyecto de Periodismo de Hábitat III; más información aquí.

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David Satterthwaite

David Satterthwaite is a senior fellow at the International Institute for Environment and Development (IIED) and a visiting professor at the Development Planning Unit of the University College London.

David Dodman

David Dodman is director of the Human Settlements programme at the International Institute for Environment and Development (IIED).